Antes de colores, tipografías o componentes, trazamos un eje. Una decisión simple que ordena todas las demás.
Cuando un proyecto empieza, todo parece posible al mismo tiempo: cualquier paleta, cualquier retícula, cualquier animación. Esa libertad total suele terminar en páginas que no se parecen entre sí. Por eso nuestra primera decisión no es estética, es estructural: dónde va la línea.
Un eje antes que una retícula
En nuestro propio sitio, una línea vertical atraviesa todas las secciones y el contenido se ubica a sus costados. Lo de la izquierda se alinea hacia ella; lo de la derecha, también. Los titulares cruzan de un lado a otro en zigzag. No es un adorno: es la regla que responde, por nosotros, cientos de preguntas pequeñas sobre alineación y espacio.
Una buena restricción no limita el diseño: le quita ruido.
Qué resuelve
Con un eje definido, cada sección nueva ya sabe cómo comportarse. Un proyecto, una cita o un formulario se acomodan a un lado o al otro, y el conjunto sigue viéndose como un solo sistema. En pantallas pequeñas la línea se corre al borde y todo queda a su derecha, sin inventar un diseño aparte.
Y después, todo lo demás
Recién con la estructura clara elegimos colores, tipografía y movimiento. Esas decisiones siguen siendo importantes, pero ahora tienen dónde apoyarse. Por eso, cuando nos preguntan por dónde empezamos, la respuesta es corta: por una sola línea.